Pensar antes de automatizar

El impulso de automatizar todo

Hay una tentación en el mundo tecnológico: si algo puede automatizarse, debería automatizarse. Esta idea convierte la automatización en un objetivo en sí mismo, no en una herramienta al servicio de algo mayor.

El resultado es una acumulación de procesos automatizados que nadie entiende del todo, que nadie se anima a revisar y que, cuando fallan, fallan de maneras que nadie anticipó. La automatización sin criterio es entropía que escala.

La pregunta que nadie hace

Antes de preguntar "¿cómo automatizo esto?", la pregunta correcta es "¿por qué hago esto?". Si la respuesta no es clara, automatizar es solo acelerar la confusión.

Un proceso mal entendido, automatizado, se convierte en un problema que crece solo. Lo que antes era un error que alguien notaba y corregía se convierte en un sistema que produce ese error sin descanso, sin que nadie lo vea.

Automatizar sin entender es construir una máquina de cometer el mismo error, más rápido y a mayor escala.

Qué merece ser automatizado

No todo merece automatizarse. Merece automatizarse lo que es repetitivo y predecible, bien entendido en sus causas y efectos, y cuyo valor no depende de variación o juicio en cada instancia.

Lo que requiere adaptación, lectura de contexto o criterio específico en cada caso generalmente no debería automatizarse por completo. Automatizarlo parcialmente, con puntos de revisión humana, es casi siempre mejor que delegar todo el proceso a la máquina.

Criterio del Monje

La mejor automatización viene después de simplificar. Primero, entender el proceso en profundidad. Luego, eliminar todo lo que no agrega valor. Recién entonces, automatizar lo que queda.

Un proceso simple, bien automatizado, es robusto. Un proceso complejo, mal automatizado, es una deuda que alguien va a pagar después. Generalmente vos mismo.

No automatices lo que no entendés. Primero pensá, después construí.

Esto no es para todos.
Pero si entendiste la señal, ya estás en el camino.

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